Anfiteatro romano<p>Situado en la ladera de la colina sobre la que se alzó la ciudad y con el <strong>mar Mediterráneo</strong> como telón de fondo, el <strong>Anfiteatro de Tarraco</strong> es un edificio de planta elíptica construido a principios del <strong>siglo II d.C.</strong> Esta obra mixta aprovecha la pendiente de la roca para excavar una parte de la grada (<em>cavea</em>), mientras que el resto se levanta sobre bóvedas de hormigón para acoger a unos <strong>14.000 espectadores</strong>. La arena fue el escenario de las célebres luchas de <strong>gladiadores</strong> y de fieras (<em>venationes</em>), unos espectáculos profesionales donde, lejos de los mitos cinematográficos, la muerte no era siempre el final obligatorio y la suerte del vencido se decidía con códigos precisos de rendición. La historia del monumento dio un giro dramático en el año <strong>259 d.C.</strong> con el martirio del <strong>obispo Fructuoso</strong> y sus diáconos, quemados vivos en el centro del edificio. Este hecho sacralizó el espacio, donde siglos después se construyeron una <strong>basílica visigoda</strong> y la iglesia románica de <strong>Santa María del Miracle</strong> (siglo XII), cuyos restos aún son visibles hoy en día en medio de la arena.</p>https://rutes-content.tarragona.cat/es-es/amfiteatre-romahttps://rutes-content.tarragona.cat/@@site-logo/logo_aj_tgna.png
Anfiteatro romano
<p>Situado en la ladera de la colina sobre la que se alzó la ciudad y con el <strong>mar Mediterráneo</strong> como telón de fondo, el <strong>Anfiteatro de Tarraco</strong> es un edificio de planta elíptica construido a principios del <strong>siglo II d.C.</strong> Esta obra mixta aprovecha la pendiente de la roca para excavar una parte de la grada (<em>cavea</em>), mientras que el resto se levanta sobre bóvedas de hormigón para acoger a unos <strong>14.000 espectadores</strong>. La arena fue el escenario de las célebres luchas de <strong>gladiadores</strong> y de fieras (<em>venationes</em>), unos espectáculos profesionales donde, lejos de los mitos cinematográficos, la muerte no era siempre el final obligatorio y la suerte del vencido se decidía con códigos precisos de rendición. La historia del monumento dio un giro dramático en el año <strong>259 d.C.</strong> con el martirio del <strong>obispo Fructuoso</strong> y sus diáconos, quemados vivos en el centro del edificio. Este hecho sacralizó el espacio, donde siglos después se construyeron una <strong>basílica visigoda</strong> y la iglesia románica de <strong>Santa María del Miracle</strong> (siglo XII), cuyos restos aún son visibles hoy en día en medio de la arena.</p>